Los Gritos de Nuestros Hijos

Publicado el abril 26, 2012 con Sin Comentarios

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Algo que puede ser muy desagradable es que los niños griten. Todos estamos de acuerdo: no hay necesidad de gritar para comunicarse, por tanto, es algo que debemos evitar en nuestros hijos. Pero seamos honestos, si un niño grita, ¿quién lo enseñó a hacerlo? Muchas veces no nos damos cuenta de que inconscientemente fomentamos este mal hábito en los pequeños.

Origen

Los bebés no tienen un lenguaje formado para expresar sus necesidades. Por ello ejecutan lo único que pueden para llamar la atención: patear, menear las manitas, señalar, hacer ruidos y…gritar. Entonces los padres, los abuelos y toda la familia vienen corriendo. El niño grita nuevamente. Y así sucesivamente cada vez que quiera algo.

Los padres reaccionan ante los gritos moviéndose más rápido, para que el niño pare de gritar. Pero será temporal; cuando quiera otra cosa volverán los chillidos. Los menores condicionan a los padres a moverse con mayor rapidez cada vez, así que se anticiparán a los deseos de su hijo para evitar que este grite. Exactamente eso hacen los sirvientes con sus amos.

Los niños aprenden entonces que gritar es más práctico y eficaz que el lenguaje hablado. Mejor los gritos que las palabras. Pronto también los padres comenzarán a gritarse entre ellos para que paren los chillidos.

No ignores el problema, dale solución

Los padres son los responsables primeros de enseñarles conductas apropiadas a los hijos. Si le restamos importancia al asunto, los niños nunca sabrán cuál comportamiento es correcto y cuál errado. Para lograr educar hijos independientes y responsables necesitamos mostrarles los límites.

Las personas felices no les gritan a las demás. Si quieres que tu hijo crezca respetando a los otros (incluyéndote) es importante enseñarle “por qué” no está bien gritar. Necesitan la explicación que está detrás de la disciplina. Por supuesto, las razones dependen de la edad del menor.

Si es más pequeño le puedes decir que molesta los oídos de las personas. A los mayores se les explica que deben controlar sus emociones y ser felices. También que hay que respetar a las demás personas para que a su vez seamos respetados. Estas lecciones son de autocontrol y deben empezar desde muy temprano para que se enraícen en la personalidad.

¿Cómo hacerlo?

Cuando el niño comience a gritar debes hacer lo siguiente: dile en tono calmado que baje la voz. Coloca tu dedo firmemente en su boca y llévalo a un lugar apartado. Hazle saber que permanecerá allí sentado hasta que hable correctamente. De ese modo le das el control del futuro, decidirá cuándo bajar la voz y dirigirse a los demás agradablemente.

Como padre, estás haciendo de guía. Simplemente le estás mostrando lo inconveniente que es para él gritar. Es un buen incentivo para que cambie su mala conducta y rechace las relaciones de poder. Si se levanta del sitio donde lo colocaste y sigue gritando, vuelve a colocarlo allí una y otra vez. Si te llama y pregunta si puede pararse de allí le respondes con voz amable que está en sus manos hacerlo, basta que deje de vociferar y se dirija a ti correctamente.

Sé consistente y no te rindas

Si estás en un lugar público debes hacer lo mismo. Pon tu dedo en su boca con firmeza y di: “No puedes gritar, debes pedir lo que quieras en voz baja” (a los niños muy pequeños se les indica lo mismo con señales gestuales).

Lo importante es que seas consistente con tu patrón de conducta. Cada vez que el niño dé una escena de gritos debes dar la misma respuesta y no dejarte vencer. Nunca jamás debes rendirte frente a esta situación. Es tu función como padre enseñar a tus hijos a tener en cuenta a las demás personas y a respetar sus derechos.

No le grites a tu hijo

Todo padre debe saber que antes de lograr un cambio en su hijo primero él mismo debe cambiar. Ser tú mismo lo que quieres que tu hijo sea es la única manera posible de enseñarle a ser mejor pues él siempre repetirá tu modelo.

Aprende a controlar tus emociones y tu pequeño devolverá la misma respuesta. No le grites, siempre comunícate con él usando palabras y hablando en voz calmada, incluso cuando esté comportándose indisciplinadamente. Te toca encauzarlo cuando se desvíe y eso solo se logra con racionalidad, equilibrio y firmeza.

Y recuerda, los niños no son el centro del universo. No los trates como si fueran a ser personas infelices. Si realmente amas a tu hijo, enséñale a llevarse bien con el resto de las personas mostrándole la importancia del buen trato y la comunicación correcta. Te aseguro que al crecer, lo agradecerá.

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