Los diez errores más comunes de las mamas primerizas

Publicado el abril 21, 2012 con Sin Comentarios

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Recién nacidos: errores mas comunes

Ha nacido tu bebe y como todas las mamas primerizas iras aprendiendo como cuidarlo y a resolver cada situación día a día,  pero con seguridad cometerás muchos errores.

Como sucede con todos las cosas que se hacen por primera vez y no se ha recibido la información suficiente, te equivocaras, también puede suceder por exceso de colaboración “de la tribuna” que por querer ayudar te confunde mas. De una u otra manera no hay que desesperar, en pocos días serás una mama a prueba de todo y ya no tendrás dudas si es frio o calor, no dudaras al momento de cambiarlo o ponerlo a upa y si llora mucho sabrás si llego la hora de darle el pecho o la mamadera.

1. Higiene

Todo tiene que estar esterilizado hasta que el pequeño cumpla su primer año.
Es cierto que una buena higiene en los bebés es fundamental, sobre todo durante las primeras semanas de vida, pero no hay que obsesionarse. El ser humano tiene un sistema inmunológico que le protege de la mayoría de los gérmenes de la naturaleza. Es la llamada inmunidad natural. En el organismo existen barreras naturales como la mucosa y las secreciones del tubo digestivo y del aparato respiratorio. Gracias a ellas los microorganismos que penetran en nuestro cuerpo la mayoría de las veces no producen infección y, es más, al entrar en contacto con ellos, se va desarrollando el sistema inmunológico creando anticuerpos. Este sistema no está plenamente desarrollado en el recién nacido, pero debemos tener en cuenta que aunque esterilicemos bien los biberones, tetinas, chupetes o mordillos , las manos de los bebés no son estériles y no podemos evitar que se las lleven a la boca.
Lo que hay que intentar es que sus objetos estén bien limpios para que el pequeño entre en contacto con un número determinado de bacterias que le ayuden a desarrollar sus propias defensas, pero no las suficientes como para que le provoquen una infección. Otra cosa son los niños prematuros, con ellos hay que extremar la higiene, sobre todo las primeras semanas de vida.

2. Mejor bien abrigado

Los recién nacidos no regulan bien la temperatura corporal y tienden a enfriarse con facilidad, pero no por ello tenemos que abrigarles en exceso: podrían sudar mucho y eso les perjudicaría. Además, se ha comprobado que aumenta el riesgo de asfixia y muerte súbita. Si la temperatura de la casa ronda los 24° el niño puede estar vestido con un body y un entero de algodón, que le cubra los pies. Podemos saber si tiene frío si su  pechito esta más frio que de costumbre. En ese caso conviene abrigarle más. Si por el contrario vemos que está sudando por la parte del cuello y la cabeza, es que tiene calor, así que le quitaremos algo de ropa.

3. Sin ruidos en la casa para que duerma mas

Para que nada perturbe su sueño, muchos padres mantienen la casa en absoluto silencio y oscuridad cuando el bebé duerme sus siestas durante el día. Si mamá también aprovecha ese ratito para dormir y descansar, estupendo, pero si no, no es demasiado aconsejable hacerlo.
¿El motivo? Que al cumplir el mes y medio de vida los patrones de sueño empiezan a relacionar los ciclos de luz-oscuridad y el pequeño está más predispuesto a dormir más tiempo por la noche. Para que ese ciclo se consolide y consigamos que realice un verdadero y reparador sueño nocturno, el bebé debe percibir la luz del sol y habituarse a los ruidos cotidianos de la casa durante las siestas, para saber cuándo es de día. Cuando todo esté en silencio y más oscuro, es decir, por la noche, sabrá que es el momento de dormir durante mucho más tiempo.
Además, si hay un silencio absoluto cuando el niño duerme, ocurrirá que cualquier ruido, por mínimo que sea, le sobresaltará y le pondrá en alerta. Ello conduciría a que durante el sueño del bebé se tendría que parar la actividad del resto de la familia. Y eso, desde luego, no solo no es bueno para el niño, tampoco lo es para los padres, que ser verán obligados a modificar sus horarios «para que el niño duerma bien».

4. Hay que bañarlo todos los días

No es que sea un error, pues la higiene siempre es buena, pero hoy en día muchos pediatras aseguran que con bañar a los bebés dos o tres veces a la semana es suficiente. Sobre todo en el caso de los que sufren dermatitis atópica, puesto que el manto graso de la piel se ve alterado con el baño y pueden empeorar los síntomas cutáneos.
Si aseamos al pequeño todos los días tras el cambio del pañal limpiándole bien la cola con una esponja y le lavamos las manitas, no es necesario usar la bañera a diario, y menos utilizar jabón (aunque sea muy suave), salvo que al pequeño le encante el contacto con el agua calentita y le relaje para dormir. En ese caso los padres saben perfectamente qué es lo que mejor para sus hijos.

5. Hay que cortarle el pelo para que le crezca mas fuerte y sano

Un error muy común de primerizas es rapar a los niños que tienen muy poco pelo porque se cree que de esta forma les crecerá más rápido y fuerte. Sin embargo, los dermatólogos no recomiendan hacerlo, primero porque no es cierto que el pelo crezca más fuerte: el pelo en sí es una proteína que no tiene vida propia pero sí el folículo piloso que lo produce. Por eso, aunque se corte esa proteína, el folículo no se altera en lo más mínimo y el cabello que nazca seguirá siendo el mismo. En segundo lugar, porque si el bebé es muy pequeño es posible que, al desaparecer el pelo, le expongamos a que pierda calor corporal por la cabecita. Por esa razón, es mejor respetar su cabello, cuyo tipo, color y textura no será definitivo hasta pasado su primer cumpleaños, y vendrá determinado por su herencia genética.

6. No dejar que nadie le toque o lo ponga upa

Es la misma obsesión por no infectar al bebé que tienen las madres que esterilizan todas sus cosas. El miedo a que alguien enfermo le contagie si le besa o le coge en brazos es muy común en todas las madres, sean o no primerizas. Sin embargo, es de sentido común saber que si alguien está enfermo, no debemos llevar cerca de esa persona al pequeño para evitar contagios. Si esa persona es sensata no tiene por qué ofenderse. De la misma manera, tampoco es adecuado (ni educado) montar una escena al impedir que nadie se acerque al niño, ni siquiera a mirarlo y, mucho menos, a tocarlo. Esto tendría sentido si lo hace alguien que no conocemos, pero en personas cercanas a la familia sería toda una descortesía, tan solo ten a mano gel de alcohol para los que llegan de la calle .

7. Tomar necesariamente de los dos pechos en cada mamada

No conviene cambiar al bebé de pecho antes de que termine con el primero. La leche del final es la que más alimenta y sacia porque tiene más grasa que la del principio. Una vez que ha terminado (se sabe porque el pecho que acaba de soltar está completamente blando) se le pasa al otro pecho. Si es muy pequeño es posible que quede saciado enseguida. En ese caso hay que iniciar la siguiente toma por el pecho que no tomó o que tomó en segundo lugar. Para establecer una lactancia adecuada debe mamar y vaciar ambos pechos.

8. Hacer que duerma en la cama con los papas, cuando se queja en su cuna

Hay veces en las que el cansancio hace mella en los recientes papas,  y si encima tiene un bebé llorón de los que no duermen ni que pensarlo, la única solución que ve es acostarle con ellos  en la cama. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado, puesto que corren el riesgo de quedarse dormidos con el bebé debajo del cuerpo y aplastarlo o asfixiarlo. Por eso no es recomendable hacerlo, salvo en alguna circunstancia especial o, por ejemplo, para darle el pecho por las noches.

9. Hacer caso solo “a la tribuna” porque tiene más experiencia.

Muchas mamás jóvenes se sienten tan arropadas y protegidas por sus madres ante su nueva situación, que creen a pies juntillas todo lo que ellas les aconsejan. La propia madre es una fuente de sabiduría y experiencia, no en vano nos tuvo a nosotras y nos crió, seguramente junto a varios hermanos más. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los tiempos han cambiado y lo que hace 30 años era ideal para los bebés, hoy ya no se recomienda, porque hay cosas mejores. Por eso, aunque a veces echemos mano de la experiencia de nuestra madre, el pediatra es la persona que más conocimientos y experiencia tiene sobre lo que es adecuado o no para nuestro hijo. En principio no deberíamos dudar de su opinión y recomendaciones, ni sustituirla por otras.

10. La solución es ser una supermamá

Afrontar un parto e inmediatamente después el cuidado de nuestro hijo requiere un enorme esfuerzo físico, mental y emocional. Es muy normal que existan bajones en los que la madre crea que no puede con todo (no hay que olvidar que el cuerpo no se recupera de un día para otro). Tirar para adelante, aun cuando no estamos bien, por miedo a que piensen que no somos buenas madres, no es bueno ni para la madre ni para el niño, porque a la larga perjudica a ambos.
Por tanto, admitir nuestras limitaciones, reconocer que estamos cansadas, que el cuidado del bebé nos agobia y nos angustia por la inexperiencia, y sobre todo, ser capaces de pedir ayuda cuando una situación nos desborda, contribuye a superar la situación y no nos hace más débiles. Más bien al contrario, demuestra que somos humanas y sobre todo sensatas.
Desde luego, no hay que olvidar que ser madre nunca es fácil, pero esas dificultades, y por supuesto las satisfacciones que reporta tener, criar y educar a los hijos, lo convierten en una experiencia enormemente positiva que enriquece nuestra vida para siempre.

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